A mi querida Fantasía Disociativa:
gracias por acariciar y acompañar mi sufrimiento.

“esta chica esta en cualquier lado menos donde tiene que estar”

“esta todo el día palpando moscas”

“no pierde la cabeza porque la tiene puesta!”

“todo lo tengo que hacer yo porque vos me decís que si y después no haces nada”

Si pudiera describir la experiencia de estar disociada seria la siguiente: todo se pone en pausa y yo vivo pero sin esfuerzo alguno, se hacen las cosas a mí alrededor y yo pareciera estar presente pero mi cabeza esta en otra parte y solo quedo yo de espectadora pero sin capacidad de hacer nada más que verme en situaciones.

¿Alguna vez les paso al ver la tele que pueden seguirle el hilo a la trama, pero están en otra cosa? como si la atención estuviese dividida en partes. Una ve la historia en la pantalla y la otra se siente como una nube donde habita un estado anímico angustiante o asustado…como preocupado…bueno, así.

Desde chica que tengo esto. Recuerdo que me quedaba como congelada con los ojos bien abiertos y fijos en un punto incierto. Podía escuchar pero como quien oye el transito en la calle (sin ponerle foco digamos) las palabras me eran ruidos. Volvía en mí cuando escuchaba específicamente mi nombre. Me pasaba en las cenas cuando todos hablaban, en el colegio, o en reuniones. Yo habitaba mi mundo y el mundo se movía sin que yo participara.

Para mi familia esto era un estado que me distinguía, pero lo que me sucedía era que me desconectaba. No lo hacia apropósito, ni era todos los días. Pero cuando sucedía literalmente me iba. A veces mi familia lo tomaba con humor y decían cosas como “esta chica esta en cualquier lado” pero a veces se enojaban “¡¡presta mas atención che!!¡¿Cuántas veces hay que decirte las cosas a vos?!”. Seguramente que sin saber lo que me sucedía no podían advertir lo peligroso que era esto.

Si supieran lo feo que es no poder prestar atención por estar desconectada… Básicamente perdes información o participación, no guardaba ni retenía lo que estaba viviendo. En parte creo que esto fue lo que hizo que yo no recordara fragmentos de mi infancia y adolescencia. Es estar presente físicamente, pero ausente mentalmente.

Nunca pensé que esto era un problema. Creí, como mi familia, que era algo mío, que me distinguía, como la “colgada” pero no que había algo de fondo que no podía tolerar y que por eso me desconectaba.

Siendo chiquita era como un plus a mi imaginación cuando jugaba. Un simple juego que acababa siendo un mundo paralelo.

Tuve dos grandes creaciones. En una era una especie de brujita que tenia polvos mágicos a los que tocaba para que las cosas fueran como yo quería que sean. Me la pasaba en el lavadero de mi casa rayando tizas de muchos colores. ¿Vieron esos frasquitos de souvenir playeros de muchos colores con estrellitas de mar o caracoles?, bueno así eran mis polvitos mágicos.

Los llevaba a todos lados…imagínense mi guardapolvo del colegio…¡literalmente llevaba polvoreadas en mis bolsillos!.

A mi magia la invocaba cuando algo no resultaba como yo esperaba, los tocaba y hacia un ritual mental para que se modificara el entorno. Imagínense una nena de siete años toda encorvada, metida para dentro, pellizcando polvitos y susurrando: “a la cuenta de tres papá va a dejar de gritarle a mamá”. Creer o reventar… a veces funcionaba!, y cuando me salía me sentía tan Hermione Granger.

Para mi no era solo un juego. Yo estaba buscando ser alguien con poderes, especial.

Mi segundo gran mundo vino después. Lo empecé a crear en mi mente ya en la preadolescencia. Allí yo era famosa. Tenía todo lo que quería. Estaba rodeada de amigos, y era la mas simpática y suelta, todos querían estar conmigo y yo era súper exitosa. Era actriz pero también era cantante. A medida que iba creciendo le agregaba cosas y experiencias. En aquel lugar de mi mente me puse de novia por primera vez.

Quiero que esto quede en claro: no era solo un juego. Yo me angustiaba cuando veía que estaba pasando mis dieciséis años y no me estaba convirtiendo en Britney Spears…Creo que yo vivía mi vida en esa nube de fantasía. Pensaba que esos eran mis objetivos y que la vida en mi casa era una perdida de tiempo. Yo en ese momento estaba segura de que iba a ser famosa y que ese era mi destino.

En mi fantasía yo era todo lo que en este mundo no podía ser. Le gustaba a todos los chicos, me sentía súper querida.

Así que cuando fui un poquito mas grande, me ponía mis auriculares, cargaba las pilas de mi reproductor de música y salía a caminar escuchando temas y viviendo una vida paralela. Piensen en los videoclips. En esos tiempos estaban de moda los MTV video music awards…Así que mi cabeza se armaba escenarios en donde yo era aplaudida y reclamada por mi “performance”.

Cuando volvía a casa me sentía recargada de energía como mi mp3. Llena de sueños y de cosas que había vivido en esa hora que pasaba conectada a mi mundo. Lo buscaba, lo preparaba como antes me ponía a rayar tizas, ahora todo lo que veía en la tele, lo que escuchaba de mis pares o las cosas que me contaban eran los colores de mi mundo. Si estaba de moda usar dos colitas, en mi fantasía yo tenia las mejores, si alguien en la clase del colego contaba algún chiste y todos se reían, ese era mi chiste a la tarde cuando salía a caminar.

Ese momento era mío. Nadie podía interrumpirlo ni sacarme del lugar que yo ocupaba, simplemente me hacia bien. Las humillaciones del colegio no tenían tanto peso, porque a la tarde yo entraba a mi mundo cual avatar y era la protagonista de la película mas entretenida que había visto.

Este, como el de mis brujerías, era mi secreto. Nadie sabía nada de ellos, hasta que en una sesión de EMDR salieron a la luz. No lo hubiese dicho sino hubiese sido tan claro. Recuerdo que sorprendida, luego de la estimulación bilateral, mire a mi terapeuta y se lo pregunte ¿es normal que tengamos un mundo paralelo? Después de casi 25 años de usarlo, pude ponerle nombre: fantasía disociativa.

Sin comentarios aún

Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no será publicada.